top of page

¿Ciudad Prometida? (2da parte)

EL CATÁLOGO


En una de las habitaciones de la casa "Los Aluxes". Una mujer toma un teléfono móvil que tenía guardado en un lugar discreto; teclea sin prisa un número desconocido.


Al otro lado de la línea, un hombre responde con acento extranjero.


—Diga…

—Señor, sus tenis han llegado.

—¿Puedo ir a recogerlos hoy?

—Estamos por cerrar. Le recomiendo que nos visite mañana, a partir de las dos de la tarde.

—Me parece excelente.


Los dos, de manera coordinada terminan la llamada.


Justo en ese lugar, las habitaciones resguardan con recelo en espacios pequeños, claustrofóbicos y desnudos a diversas personas, especialmente a niños, niñas y adolescentes. Pocos tienen fuentes de luz natural. Fuera de la habitación se podían escuchar sonidos indescifrables, ecos de pasos, ruidos que se acercaban y se alejaban.


Algunos han intentado desesperadamente abrir la puerta, golpeando, empujando y gritando con todas sus fuerzas, pero esta permanecía cerrada. Otros se sentaban en silencio, con los ojos llenos de lágrimas y de terror, tratando de procesar lo que estaba sucediendo y el porqué. Con el paso del tiempo, la sensación de estar desaparecidos se volvía cada vez peor. Todos comenzaron a preguntarse si alguna vez serían rescatados.


—¡NO, NO! ¡POR FAVOR! ¡DÉJENME EN PAZ! ¡AYUDA! —gritó desgarradoramente un joven, quien llevaba cuatro largos años ahí oculto en contra de su voluntad.


Su nombre era Juan, apenas tenía veinte años de edad, y era utilizado para ser brutalizado de diversas maneras. Sus captores lo habían investigado previamente, averiguando desde sus hábitos más simples hasta su orientación sexual, así como su círculo social. La última vez que lo vieron fue una noche, a un par de calles del estadio de béisbol, conocido como estadio Álamo. Aquella noche que desapareció, Juan había pedido un transporte privado, llegó su taxi y se marchó. Ahora grita con desesperación, pues con frialdad y los fuertes dedos de sus captores lo llevan a un lugar, un sitio donde la luz no es bienvenida.


Al mismo tiempo que Juan pide ayuda, desgarrando su voz por el desespero, dos sujetos con máscaras humanoides lo sujetan con fuerza, uno lo golpea en el estómago para que se calle, el segundo lo amordaza; toman sus extremidades y se lo llevan. En la habitación de Juan, las paredes están sucias, la puerta se encuentra arañada y golpeada por diversos objetos, es claro que Juan había intentado escapar en reiteradas ocasiones.


Días más tarde…


Tres personas distintas y en tiempos separados arribaron en el lugar. Uno de los invitados especiales pagó una cifra interesante, esto para una nueva adquisición, al menos así lo calificaba. Ninguno de los invitados se conocía, así como también, estos no se cruzaron palabra alguna.


El personal de la casa “Aluxes” atendió a sus respectivos invitados, con máscaras o con un antifaz.


¿Está Usted listo para abrir con esta llave la puerta? Preguntaba cada uno de los colaboradores; todos afirmaron con un sutil movimiento de cabeza, tomaron su respectiva llave.


De los tres invitados, el tercero, camina con una persona, aparentemente de sexo femenino. Su rostro es cubierto por una máscara verde.


—Nunca se quintan las máscaras, ¿cierto? —Preguntó el sujeto.

—No importa quién o que seamos.


El guía conduce al invitado, atraviesan un pequeño pasillo, alumbrado por luces color rojo. En los laterales del pasillo existen seis puertas en total, y en cada una de ellas te lleva a un encuentro distinto. No se puede oír nada. La persona quien cubre su rostro con la máscara verde, llega a una de las puertas, y con su mano izquierda señala sutilmente esta: una puerta color blanca. —Hasta pronto. —Dijo el guía.


Un aire extraño corrió en la piel del invitado, no es la primera vez que visita la casa, pero se siente diferente, algo dentro de él se resiste en abrir la puerta, pero ha pagado una significativa cantidad por abrirla —¡A la mierda! —Musitó.


El invitado abre su puerta con cuidado… Se siente impaciente, y nervioso al mismo tiempo. Logra guardar la compostura. Respira, y entra. La habitación sigue iluminada por luces rojo neón. —Hola. —Saludó el invitado con acento extranjero. Frente de él se encuentra… Un niño.


El pequeño tiembla involuntariamente, el invitado observa con cuidado al pequeño, lo desnuda con la mirada. Y segundos antes de cerrar la puerta, el pequeño vio a una mujer con la máscara verde.


Las horas marcharon, y de los tres invitados, dos se marcharon. El último que queda, tiene a su disposición una clase de botón ubicado en una de las paredes de la habitación. Toca el botón, y el personal acude a la habitación. —Déjalo, yo lo atiendo. —Indicó una mujer con máscara verde, quien lleva consigo una sabana y una toalla, así como jabones de tocador.


La puerta se encuentra entre abierta. La mujer entra en la habitación. Observa con frialdad el cuerpo vulnerado del pequeño. Mira su espalda desnuda. La mujer se acerca al pequeño. Le coloca una sábana limpia encima de su profanado cuerpo, le pide levantarse. —Necesitas un baño. —El pequeño hace un esfuerzo por levantarse. Se encuentra petrificado, y camina como se lo indican. —Vamos, mueve esos pies.

PIEDAD


En una habitación iluminada por una lámpara de luz amarilla, al filo de la cama, una mujer joven, reflexiona, recuerda el inicio de todo. Se le dificulta respirar. Se quita la máscara que cubre su rostro: una máscara verde. ¿Qué me está pasando? Debo dejarlo ir. Es un niño ¿Por qué sigo viva?


Hay fantasmas que la visitan. El haber convivido con el niño le ha afectado, algo la conmovió, quizás se ve reflejada en él. Un barco está por llegar al puerto, y Prospero se irá con el. <<No puede irse>> Pensó. Su reloj marca las 11:00 de la noche. —Tengo 50 minutos para que todo esto termine —Musitó.


Se vuelve a colocar la máscara, y toma una lista de pendientes, parece ser una lista de compras. La mujer dio indicaciones a los custodios. Uno de los custodios se encarga de hacer una diligencia. —Tú acompáñame, tenemos un servicio importante.


La mujer toma una pistola, y dos balas. El custodio sube al coche, y la mujer también, pero no irán solos. Toman la autopista, y en un punto de la carretera, la mujer da indicaciones.


—Gira a la derecha y te detienes, aquí vendrán por nosotros. El custodio obedece. El coche llega y da la vuelta. Se detiene. El motor sigue en marcha. Un disparo se escucha. El reloj marca las 12:45 pm. <<Vaya decisión>> Pensó. —Próspero, tienes que irte, corre, tus papás están por ese camino. Señaló la mujer.


Prosperó algo aturdido por el disparo, mira a la mujer quien lo ha liberado, pero no lo suficiente para recordar sus facciones. Los faros de la vía pública lo ayudan —¡Lárgate! —Gritó la mujer.


Próspero corre una calle sin rumbo. El coche acelera y se pierde en el camino. Un velador encuentra al pequeño Próspero. —¡Dios!, muchacho, ¡es más de la media noche! —Dijo el velador mientras teclea el número 991.


Fin.






 
 
 

Recent Posts

See All
Juego de sombras. Día 3

Estefanía tiene un plan para averiguar lo que ha sucedido, pero algo terrible esta por encontrar.

 
 
 
Juego de sombras Día 2

Estefania se encuentra cerca de encontrar el motivo por el cual las cosas extrañas que han sucedido en su departamento tienen explicación

 
 
 
Juego de sombras

Estefania Guzman se encontraba recostada en su habitación, y en una posición cómoda, se entretiene revisando sus redes sociales, mirando...

 
 
 

Comments


Post: Blog2_Post
Post: Instagram

Alejandro Ariza

Alejandro Ariza.

All rights reserved. Proudly created with Wix.com

bottom of page