
Juego de sombras Día 2
- Alejandro A.

- Aug 31, 2024
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Fue una larga noche para Estefania, no pudo conciliar el sueño con facilidad, y Daniel no volvía del evento, pero, a la mañana siguiente, Estefania encuentra a Daniel recostado a su lado. —Oye… Daniel… despierta…— Estefania intenta agitar delicadamente a Daniel, y en un movimiento desesperado, Daniel responde con un sonido no articulado. — Oye Daniel, please, tengo que decirte algo. — Qué…— Ayer me comunique con alguien, y esa persona estaba dentro de la televisión.
Daniel se encontraba realmente cansado como para poder prestarle atención, por lo que Estefania corre el riesgo de molestarse con Daniel, lo despierta a la fuerza, y le muestra el vídeo, después de un breve intercambio de diálogos conflictivos, Daniel pone atención al vídeo, lo observa detenidamente. —Pero ¿Cómo entró ahí? ¡No tiene lógica esto!. —¡No seas necio! ¡Y mira el vídeo, carajo! —. Daniel estuvo a punto de entrar en cólera y contestar a Estefania, pues la reacción de ella no fue nada educado. Conforme pasaba el vídeo, poco a poco, el vídeo convence a Daniel, pero no del todo.
Daniel se levanta de la cama con un ligero sueño, y prende la televisión, de manera egoísta intenta entender lo que ocurrió, revisa la televisión sin decir nada, observa los cables, entra a Youtube, busca tutoriales y trucos para conectarse a otra televisión y enviar mensajes. —No me crees, ¿verdad? — No se trata de eso, sino que… Quiero asegurarme de que no sea una broma de mal gusto de alguien.
Ambos hicieron una pausa a todo lo que estaba ocurriendo, tomaron el desayuno juntos, y volvieron a despedirse, Daniel se había coordinado con un compañero ese día, pues aquel evento social nocturno fue gigantesco, y el trabajo de edición le tomaría más tiempo si lo hacía él solo.
—Mira, una vez que termine una parte del trabajo, volveré. Cualquier cosa que pase por favor… avísame, ¿ok?, te amo. — Dijo Daniel mientras abraza a Estefania. Ambos se despidieron.
Estefania revisa la televisión, cambia los canales con la esperanza de encontrarse con aquella persona con quien tuvo una conversación la noche anterior, pero fue inútil, no encontró nada. Toma su celular, recibe un mensaje de una de sus colaboradoras, necesitan de su presencia así que Estefania dejó todo lo que estaba haciendo y acude a su local para atender lo que parece ser una emergencia.
—¡Fanny! — Saluda energéticamente una conocida a Estefania.
— ¡Ay! ¡Hola! ¿Cómo estás?
— Muy bien, ¿y tú?.
Ambas conversaron un rato, pero Estefania solo pensaba en volver a su casa, así que logra despedirse, y en un intento de retirarse, un mensaje de su mejor amiga había recibido.
Alejandra: “Holaaa, ¿te puedo ver en el café emporio?”
Estefania se tomó un tiempo antes de contestar, mira la hora, pero se da cuenta que todavía no daban las cinco de la tarde; recuerda que la extraña actividad que tuvo la noche pasada fue cerca de las siete de la noche; forzada y con la intención de volver a su casa, acepta la invitación con su amiga, en un momento de reflexión, Estefania reconoce que podría charlar acerca de lo ocurrido con su amiga.
“Café Emporio”
— ¡Hola Fanny!
— Hola Ale.
Estefania no puede ocultar que guarda algo que decir. — Oye… ¿Estás bien?, te noto rara. — Le preguntó Alejandra mientras le tomaba un sorbo a su frape.
— Si, estoy bien. Bueno, no, lo que pasa es que…
— A ver, a ver, tranquila. Dime, ¿qué pasó?
— ¿Crees en los fantasmas?
— ¿En los fantasmas?
— ¡Sí! En los fantasmas.
— Bueno… Quizás, ¿te pasó algo raro?
Estefania le platica una parte de lo que le había ocurrido, y fue ahí donde Alejandra interrumpe a Estefania, le cuenta una historia paranormal que había experimentado en casa de su abuela, de esas historias que quizás todo el mundo le había pasado: la sombra que se aparece en medio de la oscuridad, donde en tu momento de soledad te sorprende, puede ser en tu habitación, en un pasillo de tu casa, al otro lado de la ventana. Estefania escucha con atención pero su desesperación por ser escuchada se hace notar. — Ok, pero Ale, no me dejaste platicarte. — ¡Ay!, perdón, prosigue-prosigue.
— Ahora que lo sabes, prefiero que esto quede entre nosotras.
— ¡Dios! Claro que sí.
El reloj marca las cinco de la tarde.
— Tengo que volver a mi casa.
— ¿No quieres que volvamos juntas? —Sugirió Alejandra.
— No, prefiero hacerlo sola, pero no te preocupes, Daniel llegará temprano al departamento.
Ya en el departamento, Estefania entra con cuidado, observa con atención a su alrededor, parece no confiar en su propia casa. Desconecta algunos electrodomésticos.
6:45 pm
Enciende la televisión y comienza a buscar el canal, pero esta vez varios canales no transmiten el programa, la médium envía el primer mensaje:
Hola, ¿te encuentras bien?
— Sí, pero ahora necesito saber más de esto, no es fácil entenderlo.
Entenderás… Quizás puedas oirme, pero debes de apagar la luz de tu casa.
— ¿Es necesario?
Al menos que quieras escucharme, necesito tener un mejor campo de energía.
Estefania apaga la luz, y deja que la televisión sea el único emisor de luz y comunicación.
— Ahora explicame.
Extrañamente, una voz tenue se escucha en la bocina de la televisión, no es agradable la voz, parece estar distorsionada.
Busco a una chica, es una joven, está secuestrada.
Estefania no parece demostrarlo, pero siente mucho miedo, traga un poco de saliva y continúa con la conversación.
— ¿Sabes por qué?
No exactamente, ni tampoco por quién, pero está aquí.
— No sé nada… y tampoco se me ocurre quién.
Tranquila, ambas la encontraremos, pero debes hacerme caso.
— ¿Por dónde puedo empezar?
Debes de conocer perfectamente a tus vecinos. Quizás el secuestrador sea una persona experimentada.
— Conozco a la mayoría, y estoy segura que en este edificio solo vivimos gente decente, ni siquiera se ha reportado un robo.
¿Será que nuestra persona es más bien todo menos un ladrón?
Estefania reconoce que ha vivido todo este tiempo con un perfil muy amigable, y sus vecinos parecen ser también como ella.
— Intento sospechar de alguien, pero no sé quién será. Todo el mundo son…
Jaquelin pensó lo mismo que tú, pero no debió abrir la puerta ese día. Mantente a salvo.
— Ella ¿quién era? ¿A qué se dedicaba?
Alguien viene, está en la puerta.
Estefania se asustó por un momento, pero era Daniel quien se encontraba justo en la entrada. — Fanny, ¿por qué está todo apagado?
— ¡Ven!, ¡ven!
En un intento desesperado de volver a comunicarse con la médium, ella se había marchado, y los canales se transmitían con normalidad. Daniel enciende las luces otra vez. Estefania le explica a pareja lo que había sucedido, pero Daniel no escucha, quizás tenga miedo en creer en los fantasmas, o simplemente no quiere caer en una broma infantil. — Te amo Daniel, ¡pero a veces eres un …!
Ambos discuten ligeramente y se marchan a la cama sin decirse una palabra más. Pero en silencio, Estefania investiga con su celular los nombres de algunos de sus vecinos, busca sus nombres e indaga la vida de ellos, pero poco a poco, el sueño cierra sus ojos.



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